(El encierro voluntario)
Los fragmentos de la tristeza se quedan pegados en la calle.
Los gajos de la amargura me saben tan dulces, los barrotes
se llaman ventanas.
En esa pequeña cueva en la que formulo mis pensamientos y
donde los insectos me hablan.
Platico con mi soledad y la muy hipócrita no me contesta.
¿Dónde estás?
Quizás lo que me orilla a las lagunas de marea negra sea el
fantasma de una lluvia que nunca llego.
O sólo quizá sea la forma para ofrendar a los demonios que
en este lugar habitan, solo en cuatro partes mi cabeza se divide.
Mis horizontes no pasan más allá de un monumental edificio
blanco, donde las comodidades se conservan con fecha de caducidad.
Mientras el fonógrafo continúa en lamentos oníricos, los
cadáveres se quejan de la mentira que ellos mismos crearon, vaya vida de seres
que creen en soluciones que alguien impone.
Yo sigo dentro como los lamentos de un huevo que nunca
floreció, pero saben esta es mi nave mi lugar, donde me marino para no tener
que huir de las batallas que se advierten.
(Panik)
(Panik)
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